Cervezas trapenses, sabor de abadía

Cervezas trapenses

Cervezas hay en el mundo como para dejarse seducir por ellas, pero quizás ninguna pueda hacernos cómplices de sus matices y sus texturas como puedan hacerlo las cervezas trapenses.

No, no las confundías con lo que en la calle se conocen como “cervezas de abadía“, porque las que hoy tratamos son algo más que eso. Para intentarlo explicar sencillamente, diremos que hoy día llevan el sello de cervezas de abadía aquéllas que están hechas siguiendo una receta tradicional que originalmente fueron creadas por monjes, lo cual no implica que en la actualidad se fabriquen en grandes empresas cerveceras. Es lo que podría ocurrir, por ejemplo con la conocida Grimbergen, cerveza de abadía, originariamente creada en el monasterio de San Norberto, cerca de Bruselas, pero que actualmente se hace en la fábrica de Maes.

Sin embargo, las cervezas trapenses tienen la característica común de que aún se realizan dentro de las propias abadías, siendo éstas además de la orden trapense. Monasterios de los cuales hay 170 repartidos por el mundo, pero sólo 7 de ellos que elaboren cervezas: Chimay, Orval, Westmalle, Westvleteren, Rochefort y Achel, en Bélgica, y el monasterio de Koningschoeven en Holanda.

Son solamente 7 marcas de cervezas trapenses en todo el mundo, distribuidas hasta en 20 modalidades distintas, según graduación y tonalidad, y quizás esa exclusividad, contribuya a un mayor nombre y calidad. Calidad como la que sólo saben poner las manos monacales en muchos de sus productos artesanales, con una fórmula que se respeta religiosamente desde mucho tiempo atrás.

Son cervezas de fermentación alta, generalmente de alta graduación, entre 6º y 12º, con un color que adquiere tonalidades que van del cobrizo al negro y un sabor que suele ser más pronunciado por su amargor, y el tinte tostado que le confiere una segunda fermentación en botella. Además, la espuma, elemento importantísimo en toda cerveza, es preciosa en este tipo de cervezas, pues suele ser abundante y esponjosa, con un sabor normalmente caramelizado y más turbio de lo habitual.

Un dato importante es la copa, aunque ésto lo recalcaremos una y otra vez en todos nuestros artículos. ¿Os imagináis tomándoos un buen Rioja en un vaso de agua? no ¿verdad? …. pues desde ya os digo que con la cerveza ocurre igual. Probad una simple caña de cualquier cerveza en un vaso de tubo y en una copa abierta y decidme después si os sabe igual…

Por eso mismo, cada cerveza tiene su propia copa. Porque cada cerveza tiene su propia elaboración, sus características, su bouquet, y hay que preservarlo al máximo para que la boca se nos llene. Y aún más en el caso de las cervezas trapenses en las que tan importante es que la espuma quede bien, y que se sirva adecuadamente.

¿Acompañamiento? pues quizás un buen queso curado o un plato de carnes… pero que queréis que os diga. Particularmente, para mí, no hay nada como sentarte tranquilamente en el patio de tu casa o en cualquier terraza de algún bar, y saborearla, paladearla para sacar todos sus sabores sin necesidad de cubrirlo con acompañamiento ninguno. Las cervezas trapenses, de por sí, ya son un auténtico placer para el paladar.



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